A poco más de cien años de la muerte de José MarÃa Velasco (Temascalcingo, Estado de México, 1840 – Tepeyac, Ciudad de México, 1912), su obra ofrece nuevas rutas para mirar más allá de su labor como paisajista o docente, presentándonos a un hombre de ciencia e inquieto explorador de la naturaleza. Sus imágenes nos brindan la posibilidad de tejer un cÃrculo intelectual más amplio del que participaba como miembro honorario de la Sociedad Mexicana de Historia Natural junto a su hermano Ildefonso, y otros nombres como Ramón Alcaraz, Ignacio Manuel Altamirano, Manuel Orozco y Berra, Manuel Payno o Guillermo Prieto, por señalar algunos.
Cada obra del artista mexiquense se sostiene por un andamiaje amplÃsimo, compuesto por estudios, cartones, textos, bocetos y dibujos, que evidencian su notable capacidad de asombro y una mirada hábil que, aunque aparentemente fijada desde latitudes predilectas como el Tenayo, el Cerro de Santa Isabel o el Tepeyac, captura un cielo, luz y horizontes que nunca son los mismos. Aquellas vistas también son una sugerente reflexión para cuestionar cómo hemos administrado y protegido ese territorio ideal, ese Valle de México que hoy habitamos más de 22 millones de personas y cuya urbanización ha crecido tres veces más rápido que su población reduciendo asÃ, las reservas agrÃcolas, pastizales, bosques y otros ecosistemas capturados por Velasco.
Por ello, la disección de los elementos que componen sus obras y la presentación inédita de muchos de sus trabajos preliminares y bocetos resguardados por el Museo Nacional de Arte, ponderan, desde una mirada crÃtica, el valor múltiple de su legado y su figura comprometida con el entorno natural de México.
Ramón Avendaño EsquivelÂ
CuradurÃaÂ