¿Qué imaginamos al escuchar “mujer indígena”? ¿Pensamos en un color de piel específico? ¿Rasgos físicos particulares? ¿Qué prendas asociamos a esa figura? ¿En qué espacios la situamos? Esta muestra rastrea distintas representaciones de la “mujer indígena” a lo largo de casi 300 años de historia, a partir de la colección del Museo Nacional de Arte, en vinculación con otros acervos y artistas contemporáneas. Al poner en diálogo imágenes que van de la Malinche a Luz Jiménez, de la Tehuana a María Candelaria, este recorrido deja ver que fueron hombres artistas e intelectuales, los primeros en forjar la representación de una mujer racializada, que encarnaba valores relacionados con el territorio, la naturaleza y, ya hacia el siglo XIX, con la nación mexicana. Estas visiones contribuyen a construir estereotipos y visiones idealizadas que, en ocasiones, también sirven para excluir, crear diferencias o validar visiones racistas.
A través de cuatro temáticas constantes en las representaciones visuales sobre la “mujer indígena”, esta muestra reconstruye las retóricas sobre lo indígena, en clave femenina, y sus transformaciones en el tiempo. El primer núcleo del recorrido se titula «Reimaginar un origen» y se cuestiona sobre la relación entre “mujer indígena” y la noción de origen cultural, es decir, lo que se concibe como las raíces que conectan con el pasado y la tradición. Al fungir como germen, el cuerpo indígena femenino se asocia al territorio y la naturaleza desbordada; un terreno fértil que también es objeto de dominio y despojo. En estrecha relación con ello, se encuentra el segundo núcleo: «Engendrar la tierra», que explora la maternidad y las distintas expresiones de cuidado o ternura, vinculadas a la capacidad de engendrar y reproducir la vida, incluso en casos que van más allá de tener hijos. De este modo, la relación entre indigenidad y maternidad permite indagar sobre las imágenes, expectativas, deseos y los objetos que nutren ese caudal de afectos y prácticas.
El tercer núcleo, «Revestir la herencia» se concentra en las imágenes que se suelen asociar a una corporalidad indígena, como el cabello y la ropa, objetos de fascinación pero también de discriminación y violencia; y, por supuesto, la indumentaria, como parte de las herencias culturales y las formas de producción estética de muchas comunidades. Finalmente, el cuarto núcleo «Reconquistar la imagen» explora la proyección de la “mujer indígena” como alegoría de la nación, figura que gradualmente se concibió también como encarnación de un legado histórico ante la escena internacional. Esa emblemática alegoría es instrumentalizada para elaborar discursos sobre la conquista, el mestizaje y los roles sociales que la llamada “mujer indígena” debería cumplir, con usos políticos e ideológicos diversos.
No obstante, las diferentes perspectivas en las que se sigue repensando a las mujeres indígenas desde la creación artística de mujeres atraviesa los cuatro núcleos que conforman esta exposición. Por lo que este recorrido propone abrir posibles caminos para responder a estas cuestiones desde posicionamientos, formatos y miradas diversas para reflexionar por qué la disputa por la mirada también es una disputa por la presencia, por las historias y por la voz.
Andrea García Rodríguez
Ariadna Solís Bautista
Curaduría